Francisca Sánchez Terrero “Todo lo que aprendí, lo aprendí laburando”

“Mi viejo tenía una Pentax analógica con rollo y siempre nos sacó muy lindas fotos. Un día se hartó y me la dio a mí y empecé a sacar. No sé si es una historia muy interesante, porque no es que soñé de chica con ser fotógrafa.”

Así arranca Fran a contarnos de su vida y cómo llegó a crear CUIKA, su prolífero estudio de fotografía. Por supuesto que a medida que hacemos doble click en los distintos capítulos de su historia nos damos cuenta que es de lo más interesante. Está llena de búsqueda y mucho trabajo. Francisca es emprendedora desde que iba al colegio (vendía alfajorcitos de maicena en el barrio), se ve que añoraba su libertad e independencia desde pequeña. Hoy, la fotografía es su medio para hacer. Pero ante todo, Francisca hace.

Se reconoce sensible y súper perceptiva, tiene la capacidad de observación muy afilada, es muy buena para los detalles y sabe leer: leer situaciones, leer a personas, leer necesidades. Esto la convierte muy eficaz frente a sus clientes: está pendiente de lo que pasa, se anticipa. Y visionaria en cuestiones de desarrollo de marca y marketing: ve antes que muchos en su rubro lo que puede convertirse en tendencia y lo hace, percibe los huecos insatisfechos en el mercado y los convierte en oportunidades, agrega valor justo ahí, donde otros ni ven que hay algo. Todo esto la destaca rápidamente del montón.

Es de Corrientes, vivió alla toda su infancia y juventud hasta que vino a Buenos Aires a estudiar.

 

“Tenía 70 pesos, y dije: ‘O me los quemo o los invierto en algo’. Una amiga me había regalado una tirita de cuero que me daba tres vueltas a la muñeca y todo el mundo me la elogiaba. Me fui a Once, encontré los ‘cueritos’ y compré $70 en cueritos de colores. Messenger en ese momento estaba a full y en mi estado puse ‘Vendo cueritos’, todos los del interior se iban a sus casas para las fiestas y me compraban, y a mis amigas más cancheras les di el cuerito para que salgan a la vida. Fueron furor. Me salían 0,30 y los vendía a $3.”

 

Hizo el CBC de Diseño de Imagen y Sonido, después pasó por Periodismo donde se sintió sapo de otro pozo. Sus compañeros aspiraban a trabajar en La Nación pero ella no quería nada de eso. Un día le regalaron un libro de Kapuściński, un periodista yugoslavo que decía “Por una página escrita, cien leídas” y dijo: ‘Cagamos, ya no llego’. Astuta, sincera consigo misma, y despierta, muy despierta, siguió buscando.

Encontró en la fotografía ese lugar, esa afinidad de lenguaje, ese recibimiento. Francisca necesita destacarse en lo que hace, necesita brillar. Y para ello, va al frente, le pone el cuerpo a los desafíos e inciertos, y valientemente va por lo que quiere. Esta tenacidad sumado a su desparpajo y gracia, la hacen prácticamente imparable.

A los 21 años, Francisca estaba trabajando en una consultora muy aburrida, y se manda a llamar al estudio del fotógrafo Marcos Lopez y dice: “Soy Francisca y quiero renunciar a mi trabajo y trabajar con Marcos”. La asistente que la atendió, después de explicarle que no era así de fácil, que no había trabajo, la invita a una producción muy grande que se hacía esa semana. Francisca estaba 8 AM puntual donde le dijeron. Se pasó el día cebando mate, cortando fruta para un clericó gigante, asistiendo sin chistar en lo que hiciera falta. Logró llamar la atención de Marcos, quien ese mismo día le dio las llaves de su casa para que acompañe al fletero a descargar. Al final del día cuando Marcos le pregunta: ‘¿Te cansaste o te llamo para la próxima?’ Francisca contestó un sólido “No”, aunque claramente le dolía hasta el pelo. Había conseguido lo propuesto, ese día empezó a trabajar para Marcos.

 

“Todo lo que aprendí, lo aprendí laburando”.

 

Estudió Fotoperiodismo en ARGRA donde la pasó bastante mal, fue subestimada y tildada de ‘cheta’. Para un trabajo final, siguió los entrenamientos y peleas de un boxeador durante 3 meses inspirandosé en Ringo Bonavena. Así dejó a todos mudos, consiguió demostrar su capacidad voraz a quienes dudaron de ella.

En 2011 comenzó a trabajar en Luchia Puig donde fue creciendo y adquiriendo experiencia. Una vez logrado que la empezaran a mandar como fotógrafa a casamientos, Francisca se concentraba en la pregunta: “¿Qué puedo hacer para que la gente pida por mí?”. Así fue que empezó a dar un servicio más integral, a sumar valor a su presencia en los casamientos, sin pedir tanto permiso sino haciendo, resolviendo.

 

“Hay que generar el momento de la foto. La gente está nerviosa, uno no sabe qué onda hay entre familias… pero observando, uno puede sacar un montón de información y usarla para generar una situación, como si fueras parte de la familia, como si fueras amiga de la novia.”

 

 

Rápidamente pasó a ser la responsable de eventos sociales en Luchía Puig y tener todo un equipo a su cargo. Los capacitaba, armaba workshops, alineó procedimientos, estandarizó la calidad y estilo de las fotos que hacían, y contrató retocadores para así tener sus manos libres y poder crecer. Pero llegó el momento en que saber que existía un techo para su crecimiento y que ese límite estaba cada vez estaba más cerca, fue el punto de quiebre para abrirse sola. Su equipo la siguió ciegamente, y juntos crearon Cuika en 2015. Otro salto de fe en sí misma, en su propio potencial.

 

“Decido mi renuncia cuando le doy mi tarjeta a una madrina en un casamiento, la mira y me dice: ‘¿Vos sos Luchía Puig? y yo contesto “No, no, yo estoy al dorso”… me contestó: “No, vos tenes que estar acá” (señalando el frente). Esto fue un sábado, el lunes llegué y le dije a Ceci (mi mano derecha) yo me voy.”

 

¿Cuál fue el mayor desafío que tuviste que atravesar? Hacer funcionar la maquinaria Cuika. Yo era un poco mujer orquesta. Después se fue aceitando el proceso.

¿Un gran consejo que te hayan dado y quién te lo dio? Creo que fue Tati de Sarapura que me dijo: ‘Es muy fácil crecer pero es muy difícil mantenerse’. Lo tengo tatuado.

¿Quién fue la primer persona que creyó en vos? Ceci Pandre, mi mano derecha en Luchía Puig, que cuando le conté que me iba me dijo: ‘Yo me voy con vos’. Mi familia no me apoyaba, nadie me apoyaba. Ceci fue la mina que nunca dudó.

¿3 características que hablen de vos? Me considero bastante espontánea, muy perfeccionista, muy exigente. Mi estilo es bastante suelto, no te estoy encima pero cuando te pregunto por algo, que esté hecho.

¿En qué cree Francisca Sanchez Terrero? Creo mucho en el laburo en equipo, en la filosofía que hay acá de la crítica constructiva, de capitalizar las diferencias. Creo en la humildad, en no creérsela. Me jode la gente que se sube al pony.

 

“Nos pasa que el tipo de cliente que se nos acerca es muy parecido a nosotras.”

 

¿Algún ritual que tengas? Mis mañanas acá en la oficina con mi mate.

¿Hora de levantada/acostada habitual? 8.30am/1am.

¿Cómo es la estética Cuika? Son fotos frescas, quizás nuestra foto es en el momento en que se desarma la típica foto. Y muy estético. Ella no lo sabe, pero tengo a mi Mamá como referente estético. Siempre pienso ,‘¿Qué pensaría o querría mi vieja en mí casamiento?’. Querría que le den bola, fotos con sus amigos, y no dejar de hacerlo tradicional, porque esa es la foto que terminás poniendo en tu casa.

 

“El equipo ideal para mí en un casamiento es una mujer y un varón. El hombre tiene la frialdad que se necesita, y la mujer tiene una capacidad para los detalles que el varón no tiene.”

 

¿Cómo manejas la competencia o copia? No pienso en eso. Agrego valor a lo que nosotros hacemos. Hice finalmente la aplicación que quería hacer desde la época de Luchía Puig. Tenía 20 mil pesos y los invertí ahí. Una APP que no solo te permite ver las fotos del casamiento al que fuiste con un código que dan los novios, sino que te permite imprimirlas y recibirlas por delivery en tu casa.

¿Cuál es tu alimento creativo? Andar en bicicleta.

¿Un gran maestro que hayas tenido? Mi papá.

¿Un objetivo? Que la fotografía sea un medio y no un fin.

¿Qué es el éxito para vos? La libertad, manejar mis horarios.

¿Algo que te haya emocionado recientemente? Creo que encontré a mi socia pero ella aún no lo sabe.

¿Una muletilla que tengas? Hago un sonido tipo ‘Uhm’ cuando me están diciendo algo y lo asevero.

¿Un pecado capital? La pereza.

 

“Tengo muchos proyectos en la cabeza, y necesitaría que alguien me inyecte más energía para poder arrancarlos. Mas que nada porque al tener un negocio funcionando, uno no puede dejar de remar.”

 

¿Un aroma de la infancia? El olor a caballo (o a fardo) de cuando mi viejo nos llevaba a recorrer el campo donde trabajaba.

¿Un juego? Tenis.

¿Un pendiente? Ser bailarina clásica.

¿Lo último que aprendiste? A elongar, me enseñó mi novio el otro día.

¿Un libro? Uno de Marío Benedetti pero no me acuerdo como se llama.

¿Una película? Billy Elliot.

¿Un plato de comida? Alcauciles con una salsita muy rica que hago.

¿Un fotógrafo referente? Cartier-Bresson, que estudió geometría. Me representa mucho, un fotógrafo más racional, “Esto va acá por esto”.

¿Un icono estético? Mi mamá.

¿Un motivo de mal humor? La irresponsabilidad.

¿3 cuentas de Instagram que te alimenten estéticamente? @Stockfood, @vogue y @pastohome (una casa de decoración de acá).

www.cuika.com.ar