Francisco Gomez “Constantemente pienso que podría hacer más cosas, disciplinarme más”.

Francisco es de Corrientes capital, para su círculo íntimo es Pancho. Pero Franciscano es su alter ego creativo, el nombre de su marca.

Francisco nos recibe en su taller en Florida y Viamonte, inmejorable ubicación para recibir a su clientela (hombres que llevan puesto traje la mayor parte del tiempo) los que valoran el evidente lujo de la sastrería a medida, de poder elegir las telas con las que se materializarán las piezas hechas al centímetro de su cuerpo.

El lugar es luminoso e impecable. Impecable como Francisco que está vestido de punta en blanco y es elegante hasta para cebar mate. Entre su hablar pausado y Sinatra de fondo se genera un paréntesis en el tiempo.

Empieza hablándonos de su hoy, de la sastrería en sí, que es claramente donde está puesta toda su atención. Y despacito, a su propio ritmo, el relato va retrocediendo en los años, para llegar a contar brevemente algo de su infancia y juventud en Corrientes. Francisco es sumamente reservado pero por sobre todo transmite e infunde un respeto que es ineludible, uno puede hacer preguntas apresuradas o cometer interrupciones, pero él, con su templanza y sonrisa, contesta a su propio ritmo.

Poniendo su historia en orden cronológico, sabemos que Francisco viene de una casa donde la plata era justísima y quizás pocas, sus padres trabajaron siempre para darle a él, a su hermano y a su hermana lo mejor. Su madre como empleada doméstica, su padre como trabajador en la construcción.

Al terminar el colegio, Francisco estudió Marketing y después Diseño de Indumentaria y Textil en Chaco, no terminó ninguna de las dos carreras. Pero no por rebelde o falto de perseverancia, sino porque su búsqueda era incansable y sabía que ahí no estaba lo que él necesitaba.

A los 20 años, empezó a trabajar en una fábrica textil. Amanecía a las 6 de la mañana, entraba a la fábrica a las 7 y trabajaba ahí hasta las 2 de la tarde. Cuando terminaba su turno y con autorización de su jefe, se quedaba hasta las 6pm haciendo sus propios trabajos, aprendiendo más, investigando. De ahí se iba a la facultad a estudiar, a las 12 de la noche se iba a dormir y a la mañana siguiente volvía a empezar todo otra vez. La idea del dueño de la fábrica fue siempre que Francisco fuera encargado, pero no iba a lograr esto sin conocer el funcionamiento de las distintas áreas del recinto, por lo que el primer día le hizo barrer todo el lugar, después pasar a la sección de bordados, y a la de estampas, y así hasta que llegó a encargado. Estuvo ahí durante 6 años, en 2010 la fábrica quebró y como indemnización Francisco se llevó 2 máquinas de cocer, retazos de tela y $200 con los que compró hilos para hacer y vender sus propios diseños.

De la moda nunca le interesó la parte creativa del diseño, su obsesión era por la técnica, por dominar el arte de la precisión, de la moldería perfecta, de la puntada invisible. Es conocido como uno de los mejores, sino el mejor, modelista de corrientes. Diseñaba sus propios modelos, diseñaba para otras marcas pero sabía que no podía quedarse en Corrientes si quería ser notable. Hacer a mano una remera con alforzas o tablas encontradas no se apreciaba allá, no se entendía, no vendía.

 

“El último buen consejo que me dieron fue de Bely (Guevara) antes de esta entrevista. Me dijo: “Pensá bien lo que vas a decir porque alguien puede estar tomándote de ejemplo.” Y si te pones a pensar, está bueno no solo en lo que uno dice sino en lo que uno hace, uno predica también con las acciones.”

 

Hace 4 años, vino a Buenos Aires a una edición de Puro Diseño y ya no volvió. Los primeros años fueron muy difíciles, sin contactos, sin nada definido, sin conocer proveedores ni saber qué hacer específicamente. Fue en una charla de la UP donde escuchó que la sastrería era un oficio en extinción, en ese momento algo en Francisco se encendió, su necesidad le señaló una oportunidad, algo que hacía falta en el mercado, sastres jóvenes. Tenía lo necesario para arrancar: había aprendido lo básico de un sastre en Corrientes, tenía las aptitudes que hacían falta para estudiar exhaustivamente el arte de la confección de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro. Empezó, y a través de redes sociales mostró el detrás de escena de la sastrería, el trabajo artesanal, lo personalizado de su servicio y eso tuvo su efecto.

El año pasado hubo un punto de inflexión, Francisco tomó clases con el mejor maestro que podría haber encontrado, Natalio Argento quien lo ayudó a perfeccionar su técnica y le dio un voto de confianza inigualable: “Me dijo: ‘Pongo toda mi confianza en que vas a ser el mejor”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién fue la primer persona que creyó en vos? Hada Irastorza. Fue la primer gestora de diseño en Corrientes.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo? Disfruto mucho del ritual de recibir al cliente, el ida y vuelta ese, siento que hay una conexión muy personal e íntima. Poder leer a la otra persona y pasarlo a un papel, y después el ritual de ir a comprar las telas, mostrárselas, el proceso de cortado, etc.

¿Cómo te mimás? Acá en Buenos Aires encontré una forma… yo particularmente no hubiese elegido venirme para acá, vine por necesidad. Encontré la forma de sentirme a gusto acá yendo a San Telmo, que tiene algo de Corrientes. Encuentro mis lugares, restaurants antiguos adónde voy, donde el mozo ya me conoce y me pregunta: “¿lo de siempre?”.

¿Qué es lo de siempre? En Pamplona pido arroz con pollo que es algo que yo en Corrientes comía mucho, y en Bar Celta la jarra de clericó con cidra.

¿Un aroma de la infancia? El arroz con leche con canela. Cuando extraño mucho Corrientes, hago arroz con leche.

Francisco es solitario, nostálgico por momentos, sabe de esforzarse al 100% por conseguir resaltar. Está absolutamente comprometido con su misión de ser el mejor sastre de Buenos Aires. Y sabe que lo va a conseguir (hay quienes dicen que ya lo consiguió) a base de trabajo, trabajo y trabajo, y por ser buena persona, por mantenerse siempre humilde y poniéndole amor a su oficio.

¿Con quién te sentarías a tomar un café? Con Lucía Belaustegui, una excelente diseñadora. Con ella tuvimos una conexión muy importante en cuanto al diseño y desde que vine a Buenos Aires nunca más la vi. Fue muy importante para mí.

¿Qué es lo que más extrañas de Corrientes? Los atardeceres los domingos en la costanera. Allá los atardeceres en general los padecía, porque cuando empezaba el atardecer me desesperaba por las cosas que no había hecho en el día. Pero el de los domingos lo disfrutaba.

 

“Creo que la exigencia es algo que me maneja a mí. Siempre soy víctima de ella, de una exigencia que yo mismo creé. Sin dudas, es algo muy importante para mí en lo personal y profesional.”

 

¿Qué buscas transmitir con lo que haces? Me encuentro en una búsqueda constante por transmitir antiguos rituales de caballeros del buen vestir. Poner en valor el antiguo oficio de sastre. Considero que el tiempo es algo muy importante e intento transmitir “el tiempo que se fue y con él se llevó la elegancia de los hombres y nos dejó las víctimas de la moda”. 

¿Un pensamiento frecuente? Constantemente pienso que podría hacer más cosas, disciplinarme más.

¿El mejor regalo que te hayan hecho? Una cruz de plata de San Francisco de Asís, la encontré cuando tenía 7 años, desde entonces me acompaña. Para mí fue un regalo porque me causó la misma sensación que al abrir un regalo de cumpleaños. 

¿Un logro? Poder estar contando de mí vida, mis experiencias y mi profesión es un logro muy importante. Significa que el camino que elegí y las metas que me puse para llegar hasta aquí dieron su resultado. 

¿Una canción que te haga bailar indefectiblemente? No tengo una canción pero sé que escucho un ritmo de samba y mi cuerpo se mueve sólo (se ríe).

¿Qué es el éxito para vos?  El éxito es mirar todo el camino recorrido, recordar cada meta superada pese a los obstáculos y sentir la felicidad de seguir por el camino correcto.  

¿Una palabra que te guste decir? Sinceridad.

¿Qué consejo le dirías a tu yo de 15 años? Que mantenga la misma perseverancia por obtener lo que desea, mantener el mismo ritmo a cada paso, sin apuros pero firme y por último que no olvide que la mayor grandeza es la que se comparte.

¿Un juego o juguete de la infancia? Recuerdo un juego que es el único que compartíamos en familia, el juego de damas.

¿A quién te gustaría hacerle un traje? Me gustaría poder vestir a Andreas Weinas actual referente mundial de la auténtica sastrería.