Martín Bustamante “Hacelo y verás”

Creativo, curioso, sensible a la belleza, y a las cosas en general. Creador de Facón, casa de decoración y objetos autóctonos Argentinos.

Es director de arte y estuvo involucrado en el mundo de la publicidad durante varios años. Vivió 6 meses en NYC donde hizo un curso de Packaging, y 9 meses en Londres donde hizo uno de escenografía, y también tuvo un programa de radio.

Siempre trabajó freelance, se le nota la libertad en la piel. La libertad para él, pareciera ser una combinación de necesidad espiritual con promesa hecha.

Facón habitaba en la cabeza de Martín como un ‘proyecto a futuro’ pero se materializó mucho antes de lo esperado, en Agosto 2016. Apareció como disponible el lugar perfecto, y el futuro se avino con el presente, y manos a la obra. Facón está en una casona palermitana de techos altos de la familia de Martín, donde durante muchos años funcionó el conocido restaurant de su madre, El último Beso.

Durante un año Martín trabajó haciendo obra en la casa, recopilando los datos, recuerdos y contactos de posibles proveedores que lo llevaron a soñar Facón en primer lugar, y yendo a buscar nuevos viajando por la Argentina. Contactó a aquellos artesanos, alfareros, cuchilleros y artistas del oficio que conoció durante toda su vida, contándoles del proyecto, e invitándolos a ser parte. A lo largo de los años, Martín fue acumulando kilómetros, descubriendo Argentina con mucho amor y entusiasmo, fascinado con su manufactura autóctona, su tradición, su riqueza. Satisfaciendo y al mismo tiempo alimentando su curiosidad.

 

 

“Hay muchas cosas acá en Argentina, solo hay que darle bola”

 

Conceptualmente Facón es novedoso. Es un local de decoración y objetos argentinos, donde pasan cosas: se degustan vinos, huele a tradición con aire liviano y casero, se realza y exhibe la belleza de lo autóctono de manera muy armónica y no pretenciosa, y se comparten historias. Las historias de los artesanos que crearon cada pieza elegida a mano por Martín para componer Facón: cada banqueta, cada mortero, cada poncho. Martín es un anfitrión apasionado, y es vocero de esas historias, con cero issues de cartel, al contrario, él devela con placer la identidad de sus proveedores, porque considera que esa identidad y la historia detrás, hacen al valor del objeto en sí.

 

“Tengo la filosofía de mostrar la etiqueta, mostrar quién lo hace. Hay muchos lugares que sacan la marca y le ponen la etiqueta suya… La idea es generar un vínculo, yo conozco a todos los proveedores que están acá. Se arma algo que está bueno, es apostar un poquito más, tirar la pelota un poquito más adelante, y creer que todo eso vuelve también por otro lado. Y darles un lugar como local a muchos que no pueden tener su propio local.”

 

 

¿3 características que hablen de vos? Curiosidad, la pasión por las cosas, y el afán de viajar.

¿Algo que te aburra soberanamente? La rutina.

¿Qué te inspira a crear? ¿Cuál es tu alimento creativo? La incomodidad. Salir de eso con algo creativo.

¿Cuál es tu especialidad en la cocina? Las empanadas de carne.

¿Un mito que hayas derribado? El colegio. El mito de la forma de aprender las cosas. Uno de chico ve el estudio como el camino del éxito. Y no es así, creo que hay que encontrar otros caminos, otras formas de estudio. Quizás la mía es a través de un sistema más creativo, otros métodos que fui desarrollando solo, estudiando alfarería, orfebrería, carpintería, dirección de arte, etc.

 

“Dejar ver a donde te va llevando, creo que eso es lo bueno de ser emprendedor. Tener la cabeza plástica, formar lo que haya que formar, con la gente que viene de afuera,  y con lo que nos pasa a nosotros.”

 

¿Un buen consejo que te hayan dado y quien te lo dio? “Adventure begins when shit happens”, me lo dio el novio de una música en Cabo Polonio. Tal cual, uno no puede estar en control todo el tiempo. Y cuando algo sale mal, ahí empieza la aventura creativa, ahí empiezo a conectar.

¿Qué temes que desaparezca del planeta? Los lugares vírgenes, esos lugares deshabitados.

¿Una moda que te gustaría que vuelva? Lo artesanal. Ya está volviendo.

¿Qué rasgo del ser creativo admiras? Admiro a personas talentosas con cosas que yo no tengo. El aspecto musical, teatral, fotográfico. Cosas que a mí me gustan, pero no tengo tan desarrolladas y me gusta ver en otro, eso me inspira.

¿Un gran desafío? Mantenerme firme con mis ideales, con lo que creo que es Facón y perseverar en el proyecto personal.

 

“Facón es el resumen de experiencias, de viajes, de paisajes, de un cuento, de venir acá y poder tomarte un mate. No es solo un producto. Facón es sinónimo de una casa llena de anécdotas.”

 

¿Un pendiente? Seguir viajando, conocer Asia que no conozco.

Un libro: Uno que me regaló Ati ‘Una historia sencilla’ que habla del malambo. Eso es muy facón, de repente abrir y darse cuenta que hay una cultura enorme por descubrir, como puede ser la del malambo. Que es importantísimo y genera mucho fanatismo.

Una comida: Unas empanadas con vino al sol, en el norte, ese plan.

Una película: Historias Mínimas me gustó mucho… de haber viajado la Patagonia Atlántica, esa cosa desolada que transmite.

Un imperdible Facón: El juego de cardón. Te vinculás mucho con el artesano. Hay cosas que después ya me cuesta vender, que para mí son  piezas de museo. Hay ciertas cosas que si las vendo tiene que ser a alguien que realmente la aprecie.

La historia detrás del juego de cardón: Martín estaba con un amigo en la feria del poncho en Catamarca, y vio una silla que le encantó. Cuando pregunta por la silla le dicen ‘Es de Celia que está atrás cocinando empanadas’. La conocieron a Celia, quien les cocinó empanadas y convidó vino de cartón, y conversamos un rato largo. Celia le contó a Martín que las sillas las hacía su marido, y que eran de Cardón. Que su marido estaba en Barranca Larga, un lugar a varios km de ahí y sin señal de teléfono. Después de un mes, Martín logró hablar y le encargó un juego de living. Cuando estuvo listo, Martín agarró la camioneta y se fue a buscarlo. Llegó a Barranca Larga, a donde estaba el marido de Celia. Abrió la puerta y se encontró con él, un burro, el gato, y el juego de cardón terminado. Los lugares recónditos en los que viven, el talento que tienen para hacer estas cosas, el trabajo y la dedicación que hay detrás, esa es la historia que Martín busca contar.

 

Nicaragua 4880, Palermo.